Escribir para cuidar: dramaturgia, escena e infancia en la obra de Camilo Casadiego
- Juan K LiBre
- hace 3 días
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La dramaturgia de Camilo Casadiego se ha consolidado como una escritura atenta al desgaste humano, al paso del tiempo y a los vínculos afectivos que intentan sostenerse en contextos adversos. A lo largo de su trayectoria, sus obras han construido un teatro de la intimidad, donde el amor, la memoria y el cuidado aparecen como fuerzas frágiles pero persistentes. En los últimos años, este recorrido ha entrado en una etapa decisiva: un compromiso profundo y consciente con el teatro y la dramaturgia para las infancias, entendidas no como un público menor, sino como un territorio ético, poético y político de enorme potencia.
Este tránsito no representa una ruptura con su obra anterior, sino una continuidad natural. La infancia ha estado siempre presente en su escritura: niños y niñas lúcidos, observadores del mundo adulto, capaces de percibir aquello que los mayores callan por miedo o cansancio. Hoy, esa presencia se convierte en eje central de su investigación artística y pedagógica.

Para Casadiego, escribir teatro para las infancias implica asumir una responsabilidad estética y ética: no simplificar los conflictos, no falsear la emoción, no subestimar la inteligencia sensible del público joven. Su trabajo propone un teatro que confía en el símbolo, el silencio y la contención, y que entiende la escena como un espacio de encuentro intergeneracional, donde niñas, niños y adultos comparten una misma experiencia poética.
Este proceso se ha desarrollado en diálogo constante entre dramaturgia, puesta en escena y mediación cultural, y se materializa en sus creaciones realizadas con el grupo Otium Teatro, colectivo que dirige y con el cual ha llevado a escena la mayoría de sus proyectos. El trabajo con Otium Teatro le ha permitido consolidar una investigación sostenida sobre el cuerpo, la palabra y la relación con el espectador, especialmente en el ámbito del teatro para las infancias y la familia. Todo este recorrido se inscribe de manera orgánica en el Circuito de la Joven Dirección y Dramaturgia, proyecto que Casadiego impulsa como plataforma de creación, formación y circulación de nuevas dramaturgias.

Un hito importante en este camino es el montaje de Lágrimas de agua dulce, del dramaturgo mexicano Jaime Chabaud, obra realizada con Otium Teatro como parte de su interés por acercar dramaturgias contemporáneas de alta calidad literaria al público infantil y juvenil. La obra se presentará en Casa E Borrero durante el mes de marzo, con funciones del 15 al 30, únicamente los domingos a las 11:00 a. m., consolidando una apuesta por un teatro para las infancias que aborda temas profundos desde la poesía, sin recurrir a la moraleja ni al didactismo.
Paralelo a su labor como creador escénico, Casadiego desarrolla un trabajo sostenido como editor y gestor cultural. Es coeditor, junto a Paola Quintero, de la colección de libros de teatro para niños y jóvenes Sopita de letras, una iniciativa editorial que hace parte del Circuito de la Joven Dirección y Dramaturgia. Paola Quintero, además, es actriz de Otium Teatro, lo que refuerza el carácter colectivo del proyecto y el diálogo permanente entre escena, escritura y edición. Desde Sopita de letras, ambos trabajan en la circulación de dramaturgia infantil y juvenil, fortaleciendo el vínculo entre creación escénica, lectura teatral y mediación pedagógica.
Este proceso encuentra un punto de síntesis en el estreno, en el mes de junio, de El vuelo de la luciérnaga, obra escrita y dirigida por Camilo Casadiego, creada con Otium Teatro y pensada para toda la familia. La pieza propone un universo poético donde el vuelo, la luz y la respiración se convierten en imágenes centrales para hablar del duelo, del amor protector y de los secretos que los adultos guardan para no herir. Lejos de una narrativa explicativa, la obra confía en la potencia del símbolo y en la sensibilidad del espectador, invitando a habitar el teatro como experiencia compartida.
Así, la dramaturgia de Camilo Casadiego se afirma hoy como un teatro del cuidado en tiempos de fragilidad. Un teatro que entiende la infancia no como refugio ingenuo, sino como territorio de pensamiento, sensibilidad y resistencia. Escribir para las infancias, en su obra, no es una estrategia circunstancial, sino una toma de posición artística: creer que el teatro puede acompañar, sostener y abrir preguntas desde edades tempranas, sin renunciar a la complejidad ni a la poesía.









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